Hierro en ser anónima

en un mundo dónde se pelea por pegarse la etiquta más apropiada en la frente

sudorosa

(de correr de Zara al Starbucks y del Starbucks a a ver si los puedo engañar a todos.)

Yo quiero mantenerme quieta,

que no estática,

y anclarme al fondo de la arena para cuando llegue la tormenta.

 

Cuando la espuma entre a hectolitros en mis orifcios

mi estómago se convertirá en una pecera gris y sonriente,

que es mi mejor cara para las fotos.

Hasta que arrastre los pies de camino a casa dejando las suelas y los talones al fondo del

océano.

Mientras, me rodeas con tu brazo.

 

¡Zas!

Los dos puños cerrados sobre el cristal –get out!- del espejo.

Milímetros de mi misma volando hacia la marea, huyendo de los azulejos,

pedazos de mi nombre mutilándose contra las baldosas y los t’ odio.

 

Aquí nadie entiende nada.

Que no quiero ni necesito ni clamo ni predigo

maestros que me ilustren en la sucia tarea de engullir espuma.

Que llevo siete meses tirándome por la ventana todas las noches,

quince minutos después de quedarme sola,

y recogiendo las piezas que resulten indivisibles para componer

una nana que calme una vez más

la histeria de la Ofelia suicida.

 

Aquí, en el camino de Zara al Starbucks,

nadie ha entendido que Magdalena es lesbiana,

rechaza el lenguaje por herrar en ser anónima.

El tablero y las fichas para quienes quieran jugar a vivir, con las pelusas.

Hacer como que vives y decides

mordiendo

pequeñas manzanas de alcohol a

grandes bocados.

Y refugiarse en que nosotras no hemos engullido todavía hasta las piedras y los corales,

hasta los peces de plástico y las gaviotas y medusas y ostras y crustáceos y tu piso y mis arañas y el t’estime y tu libertad, la distancia y los bocetos de desnudos y el cabello rubio del desagüe, los poemas de otras y los yoes orgullosos e incomprendidos con el you romántico de la canción que se aleja y el humo del tabaco acampando en las esquinas de mi pecho y hasta el tapón de la bañera.

 

En fin,

enterradas como putas en su lenguaje connotativo bajo el Pacífico,

por loca y por suicida.